Son rostros en sombras, afectuosas miradas, formas difusas,
aromas concretos, cabellos y ropas, son voces y risas.
Son tiernos momentos, lugares, memoria, balancéo de un sofá,
la cortina que se enreda, y a tu voz, un minino vuelta y vuelta.
Son palabras que resuenan, sentimientos que afloran, roces,
caricias, besos, manos que sienten, piel cálida estremecida.
Son horas, son días, son años, entrando al mundo de puntillas,
sueños, temores, valentía, son cariño y alegría.
Son letras lloradas, dulces secretos vertidos, necesidad escrita,
derramada nuestra vida, sobre papel anhelado.
Son energía invertida, son esfuerzo compartido, nuestro aliento
respirado, frio, calor, son camino deseado.
Son punzadas de dolor, son hambre, sed, soledad, ausencia, temor.
Son recuerdos que te queman, perdida ya su razón.
(Para tí, añorada Teresa)
XXII • Tu recuerdo
XXI • Días que son tuyos
Hay ciertos días que son tuyos,
instantes de horas enteras,
jornadas de apenas segundos,
en que la vida se detiene
exhalando su nostalgia
con apenas un suspiro.
Días que traen tu nombre
como las hojas mecidas
por el aire que respiro.
Días de luz y sonrisas
dulces como la miel
de tu mirada de niña.
Instantes eternos de tí,
de melodías que te sueñan,
que me hacen perder la razón
bajo la ténue luz de las velas.
Instantes soñados sin fin
que te convierten en ella.
Jornadas de humo y licor
para mostrarnos las almas,
donde el más leve roce es amor
y la ingénua locura nos gana.
Jornadas, ocurra lo que ocurra,
para volver a ser anheladas.
XVIII • Como la vida misma
Como la vida misma,
sin esperarla, sin merecerla,
sin despertar a la Luna,
como las mágicas Hadas
que nuestros sueños habitan.
Se presentó sin más, una noche,
como lo haría la vida misma.
Apareció al ocaso en mi vida,
mientras llovía mi alma,
mientras mi vida moría.
Con su fulgente cabello dorado,
con su perlada sonrisa tendida,
con su celeste mirada serena,
como lo haría la vida misma.
Como la vida misma,
me obsequió sus dulces palabras,
sanando llagas, cerrando heridas,
pactando con las distancias,
parando las horas y hasta los días,
para rendirme su tierno regazo
para invocarme a creer en la vida.
Apareció al ocaso en mi vida,
real, vital y valiente,
como el más dulce presente,
hermosa como los besos de amor,
como el dorado aroma de miel,
como entre nubes rayo de sol,
como lo haría sin duda la vida.
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Burbuja dorada,
Burbuja querida,
siento quererte ya tanto
como querría a la vida...
XVII • Te miro y siento
Te miro y siento,
porque tus ojos transmiten
desde infinito amor
a la sincera tristeza
que habita en mi interior.
Te miro y siento
si te descubro celosa
por todo cuanto yo siento,
porque quisieras darme
tu posesión más hermosa.
Te miro y siento
curárseme el alma en pena,
aflorar lo mejor de mí mismo,
sentimientos desconocidos
inspirados en tu belleza.
Te miro y siento
hallar el cielo en la tierra,
pues eres mi alma gemela,
y nunca podré renunciar
a quererte de ésta manera
Para tí, Marieta.
XV • Por qué morir
Por qué morir
si miro al cielo y resucito,
si contemplar el ocaso
hace tambalear mi alma
y un sencillo soplo de brisa
me recompone la vida?
Por qué morir
si hasta una gota de lluvia
sobre mi rostro llorado,
si un tronar desgarrado,
si el destello de un rayo
ponen fin a mi agonía
Por qué morir
si tu preciosa sonrisa,
tus dulces ojos entornados
mirándome a hurtadillas
toman forma de Ángel
para curar mis heridas?
Por qué morir
si todo el dolor infringido
por las diosas de las penas
apenas socaba mi amor
que siento infinito en mis venas
suspirando por ser para vos?




